El chico
que está triste y azul
Lucía, tienes que perdonarme, tienes que
perdonarme aunque te mentí. Estábamos en la terraza
mientras se iba la tarde, bebiendo a sorbitos nuestras copas
de cóctel y tú me preguntaste cómo era el
azul. Desde la terraza se veía el cielo y el mar. El cielo
algo opaco, azul celeste arriba y con una punta de carmín
en el horizonte. El mar azul ultramar con lenguas de azul turquesa
rompiendo contra la playa y las rocas. Entonces me preguntaste ¿Cómo
es el azul?
Habíamos puesto el disco de Eric Satie,
ese que tanto te gusta, una música tan triste y tan bella
que parece blues. Azul, ¿dime cómo es el azul?
Yo llevaba puesta la camisa azul que me regalaste, la de seda
con rayitas
de un azul casi añil. Llené las copas de nuevo
con tu cóctel preferido, “Rusia azul”: cuatro
centilitros de vodka, dos centilitros de Martíni, uno
de Blue Curaçao, cuatro cubitos de hielo, agitado, no
mezclado. Me preguntaste si el tacto de la seda era azul, si
era azul el sabor del “Rusia azul”, si la música
de Satié era azul, tan triste que parecía un blues.
Te dije que no estaba seguro y luego te mentí.
Estábamos
bajo el cielo azul profundo, sentados en la terraza sin encender
las luces y yo miraba tu hombro desnudo
y el tirante de tu vestido azul. Y luego en la habitación
azul, cerré los ojos para verte como tu me ves, con la
punta de tus dedos, con tu boca, con tu piel. Nos besarnos con
sabor azul y yo estaba tan feliz, y tan triste porque no quería
mentir, pero tú me preguntaste, la seda, la música,
la noche, nosotros. Me preguntaste y te mentí. Te dije
que yo era azul.
Todo el mundo sabe que las personas no son azules,
que yo no soy azul y que te mentí. Ellos te lo contaron,
por eso cuando terminó el verano volviste a tu ciudad
y no me dijiste adiós bajo el cielo azul, ni en la noche
azul, ni en el cuarto azul.
Lucía, te mentí y he
pagado mi culpa, te perdí.
No me importa lo que digan los demás, que me señalen
por la calle y se rían de mí. Sólo quiero
que sepas que una mañana me miré en el espejo y
me vi, nadie sabe por qué y a nadie le importa, me miré en
el espejo y me vi más triste que un blues y de color azul.


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