CAPITULO 11
No bien había salido Juan Alvarez Herrástegui del café cuando Rómulo dijo:
- Se me figura que el cabrón pelonsito algo se trae.
- Por qué lo dices Zanatito?, a mi no me lo parece. Apenas ayer estuvo conmigo y con el Tigre en mi oficina y se comportó como siempre amable y chambeador; a ése sólo le preocupan sus pinches computadoras, tu qué crees, Pablito?
El otro sonrío, más ocupado de las nalgitas de una mesera que de lo que le decían y dando una fuerte chupada al puro, dijo:
- Mira, cuando a mí me preocupa algo lo averiguo a fondo y listo.
- Bueno, a los asuntos que nos traen aquí. Tengo que viajar a Tuxtla a ver a nuestro mesiánico gobernador al medio día y no tengo mucho tiempo.
- Recuerdan el cargamento de cocaína que teníamos que recibir, pues se nos calló el teatrito, bueno, a medias.
- Cómo es eso, Américo! no se vale, tengo la lana lista y la pista preparada y me sales con tus jaladas.
- No, no te alteres, la cosa esta así. Algeciras me advirtió de un operativo que se prepara y el pretexto es la droga así que nos quedamos en by-pass pero preparando lo siguiente.
- Te acuerdas de la vieja pista, en tu hacienda Las Adjuntas?, mandamos a la avioneta a aterrizar en ella con unos ciento cincuenta kilos del producto rebajado y zas! que llega Rómulo con unos cuantos pelones más; para ésto mandamos antes a la Ardilla y al Cholo como encargados, sin armas, por si las dudas; les damos en la madre junto con el piloto y nos cargamos accidentalmente a un soldadito para que todo parezca real. Que les parece?
- Bien, bien, dijo Martens eso me parece bien pero habrá que dar un buen periodicaso; no?
- Yo me encargo de hacerlo oficial con Ramonsita.
- Ah!, otra cosa.
- Necesitamos armar una pachanguita con la Guajirita y sus muchachas, qué tal la llevas con Hermenegildo, el presidente municipal de Altamirano?
- Ese sonso me debe el puesto, no es problema.
- O'key entonces ve que sea invitado junto con toda la policía municipal, fija la fecha para poder comunicarme a Medellín.
El diputado pidió la cuenta, la pagó y dejó que Martens cubriera la propina saliendo presuroso rumbo a su oficina.
CAPITULO 12
Estacionó el lujoso automóvil frente al Palacio de Gobierno en uno de los lugares reservados a los funcionarios del gobierno estatal, de inmediato un soldadito vestido de civil le saludó. El sol caía vertical y candente y a diferencia del clima de San Cristóbal en Tuxla Gutiérrez la temperatura era sensiblemente alta en el mes de noviembre; la vegetación, también radicalmente opuesta, daba cabida a numerosos zanates que revoloteaban y graznaban estridentes entre los frondosos tabachines del parque cercano.
Américo Chóm Luján llegó puntual a su cita con el gobernador, el Dr. Rodolfo Kuri Aznar, recientemente electo y a quien conocía de algunos años atrás y por lo mismo del que esperaba resignadamente una extraña recepción. Acudía como presidente de la hacía poco creada Comisión de Ecología de la Cámara Baja y con la idea presidencial de la integración de un programa que se denominaría "La Ruta Maya", el cual pretendía abarcar a países de la zona: Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador y por supuesto, México. Fue considerado por unanimidad como la persona más indicada, no sólo por su origen Tzeltal sino por sus estudios Mayas y en particular los étnicos y sociales con los cuales había presentado su tesis de doctorado en estudios sociales para la Sorbona, cumpliendo con los requerimientos del partido oficial que lo becó en un programa Franco-Mexicano.
La antesala fue breve como correspondía a su calidad política. Una esbelta y lujuriosa secretaria lo hizo pasar al amplio despacho donde los ostentosos muebles de madera finas y tableros de raíz contrastaban con el resto de la decoración: cuadros con motivos aztecas, princesas mayas semidesnudas en posición de sacrificio, plumerías, pirámides de cristal, ídolos falsos y un penetrante olor a incienso. Todo daba al lugar la apariencia más de una cueva esotérica que la de el despacho de gobernador.
- Licenciado le estaba esperando, es usted un enviado del creador.
Mal, pero muy mal, empezaba la cosa, pensó Américo.
El corpulento hombre que ocupaba un inmenso sillón, que con su humanidad parecía pequeño, fumaba con parsimonia típicamente oriental de la boquilla de un narguile de repujada plata; vestía unos pantalones de fino casimir, camisa de seda típicamente oriental y usaba unas aparatosas babuchas: ojos, cejas y bigotes negros y poblados complementaban la imagen de aquel Alí Babá (y seguramente con mucho más de cuarenta ladrones), el cual, sin más, siguió hablando ...
- He leído con cuidado la extraordinaria propuesta del Señor Presidente y los atinados comentarios de usted, Don Américo, por lo mismo me he permitido preparar las siguientes ideas.
Entregó entonces a Chóm un voluminoso documento y continuó como si nada.
- Usted podrá leer las revelaciones que he recibido directamente de Nuestro Señor, Nah-Quetzalcóatl y sus claridosas pero muy ilustrativas palabras las cuales, referidas al Chilam-Balam, nos darán la pauta para ligar nuestro maravilloso mundo maya con las enseñanzas de la verdadera iglesia de Nuestro Señor Jesucristo.
A Américo Chom estuvo a punto de darle un desmayo. Era, para acabar pronto, un medicucho de ascendencia árabe, renegado copto, indigenista de cuartilla, evangelista, político y para colmo ... iluminado! Realmente extraordinario.
El Dr. Kuri siguió con una extraña jerga y con voz pomposa mencionó:
- Esta es la profecía de Chilam-Balam: era Cantor, en la antigua Maní:
1.- En el Trece Ahua, en las postrimerías del Katún, será arrollado el Itzá y rodará Tancáh, Padre (ya se cumplió).
2.- En señal del único Dios de lo alto, llegará el Árbol sagrado, manifestándose a todos para que sea iluminado el mundo, Padre (esta por cumplirse).
El hombre siguió nombrando, según él, profecía tras profecía hasta completar diez y seis, revolviendo no sólo el orden sino cambiando el texto. Chom que conocía los textos casi de memoria en castellano y en maya se desesperaba más a cada momento.
El hombre continuó. Habló de la revista Atalaya (protestante), mencionó fotografías a color de 1941 y una extraña cámara milenaria con la cual en dicha revista aparecían fotos de Jesucristo y de la Magdalena diciéndole:
- Respecto a esta fenomenal cámara Don Américo permítame agregar que desde que Nah Quetzalcóatl la donó los mexicas y hasta el día de hoy siguen fotografiando con ella por el mundo entero.
Chom temió morir aplastado pues el gobernador se levantó y casi arrollándolo lo acercó a ver los horrendos cuadros que adornaban el lugar.
- Mire!, mire!, maravíllese, ésto es revelación pura ...
Lejos estaban Chom y el gobernador Rodolfo Kuri de saber que al menos una de las profecías del Chilam-Balam estaba por cumplirse cuando el hombretón dijo:
"En los días que vienen, cuando se detenga el tiempo, Padre; cuando haya entrado en su señorío el cuarto Katún, se acercará el verdadero conductor del día de dios. Por esto se amarga lo que os digo, Padre, hermanos del mismo vientre; porque el que os visitará Itzaes, viene para ser el señor de esta tierra cuando llegue.
Esto viene de la boca de Nahua Pech, sacerdote. En tiempo del cuarto Ahua Katún, Padre, como hormigas irán los hombres detrás de su sustento: porque como fieras del monte estarán hambrientos y como gavilanes estarán hambrientos, y comerán hormigas y tordos, y grajos, y cuervos, y ratas" (1).
Dios mío, hasta donde puede llegar la estupidez de este hombre, pensó Américo.
Para su fortuna sonó un teléfono, era el pequeño pero indiscreto teléfono rojo de la Presidencia de la República ...
- Sí, sí, él habla.
- Señor Presidente, buenas tardes.
- Si señor, casualmente esta aquí conmigo mi buen amigo el Diputado Américo Chóm.
- Si claro, por supuesto, así se hará ...
- Hasta pronto Señor.
Las facciones del hombre pasaron del rojo al blanco y finalmente a un gris verdoso ...
- Don Américo tengo instrucciones precisas del Señor Presidente de darle luz verde a su asunto.
- Perfecto don Rodolfo, usted dirá ...
- Tendremos esta misma noche una reunión con el gabinete estatal, le parece bien a las ocho?
- Si señor, por aquí estaremos.
Américo salió de su sesión fundamentalista entre satisfecho y preocupado, cómo hacer para que ese loco no metiera su cuchara en la iniciativa presidencial?
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(1) Khalil El-Khazen Fouad. LA VERDAD Y LOS CINCO PROFETAS MEXICAS. En el fin del Siglo, Cerrado el Camino del Katún. Publicado en el mes de Septiembre por el periódico EXCELSIOR.
CAPITULO 13
El viejo camioncito partió muy de mañana. Las luces tambaleantes alumbraban el camino que discurría entre la frondosa selva como si fuera un obscuro túnel; se dirigía a "Champotón"(1) pasando por Edzná. La distancia no era demasiado grande, unos ciento veinte kilómetros, pero la primera parte no estaba pavimentada y en temporada de lluvias se encontraba prácticamente intransitable. Los dos muchachos, ahora más maduros, vestían de blanco y observaban sentados en un banco de madera que sobresalía de las redilas del camión por arriba de la cabina.
Andrés Yuc Xotam y Pedro Oxib-Pech Cano emprendían un viaje que no solo los llevaría al encuentro de una cruda realidad sino también a cumplir con la extraña misión para la cual estaban predestinados. Ambos, de muy niños, habían conocido el fragoroso y hermoso mar en Champotón. Nada conocían aparte de esto; sus clases de geografía en la secundaria y las extensas pláticas del H'men les hacían intuir el extenso mundo al que se enfrentarían. El viejo Don Juan Ordorica se había encargado de platicar a Pedro de la blanca ciudad de Mérida, por él se enteró de la casta divina y el por qué él se apellidaba igual, "Cano". Supo que todos los indígenas que trabajaron como esclavos después de la conquista tenían que ser bautizados con el nombre cristiano y el apellido que el hacendado de la región les diera; lejos estaba de comprender las coincidencias, por un lado era "Cano" por otro "Mai"; conquistador y conquistado.
Andrés y Pedro casi no articularon palabra alguna durante el trayecto. Al pasar por el valle de Edzná, Pedro dijo:
- Mira esto, es lo que me platicó mi padre: la tierra se está pudriendo, todo se inunda y se echa a perder; los cabrones del gobierno desmontaron para sembrar pero la tierra es baja y sin drenaje no pudieron hacer los drenes y por falta de lana no han terminado.
- Sí, la selva tardará mucho en recuperarse. Mientras habrá hambre y más mosquitos.
- El ganado está enfermo, la gente padece más que nunca el dengue y el paludismo.
- Pero tu nos estás dando una gran solución. El pueblo usa el perfume y el copal y está dando gran resultado, ahora mismo no nos ha molestado ni un mosquito.
El vehículo llegó a su destino entrada a la mañana, apenas a tiempo de abordar el autobús que los conduciría a la ciudad de Mérida.
Dejando en la canastilla su morral de palma Pedro se sentó junto a un extraño individuo en uno de los pocos asientos disponibles y de inmediato se inició la conversación.
José Pereda del Castillo era un típico "chilango" (2), vestía pantalón vaquero, camisa de manga corta del mismo estilo y una gorrita verde de visera con un gran logotipo con las siguientes letras C.N.E.P.D. y usaba unos lentes tipo espejo de estridente color violeta.
- Hola compadre, bienvenido, a dónde vas?
- A Mérida, señor.
- Lástima yo llego hasta Campeche. Eres de por aquí?
La pregunta sorprendió a Pech, él no comprendía que alguien pensara que era de otro lugar.
- Sí, nací en Dzilbache.
- Ah claro, -contestó el otro sin tener la más remota idea de donde quedaba aquello.
- Pero que agradable agua de colonia usas tu, es importada?
- No señor, yo mismo preparo el perfume.
El hombrecillo asombrado insistió tanto que Pedro tuvo que sacar un frasco del morral y vendérselo.
El tipo no cesó de hablar y por una hora le platicó a Oxib-Pech de su trabajo de exterminador; pertenecía, como funcionario menor, a la Comisión Nacional de Erradicación del Paludismo y el Dengue y venía a hacerse cargo de la subdelegación en el estado de Campeche.
Porque no se lo preguntaron o por no seguir con la conversación Pedro se calló el efecto de su loción lo que después causaría un tremendo problema al pobre individuo.
El joven H'men se quedó solo el resto del trayecto y a media tarde el autobús se detuvo en la vieja central camionera de la capital de Yucatán.
La vieja casona de la avenida 43 los impresionó grandemente. Se parecía a los viejos cascos de las haciendas pero ésta estaba perfectamente conservada: los altos enrejados italianos de principio de siglo adornaban los balcones, amplios portones de roble abiertos de par en par dejaban ver un frondoso jardín, una elegante entrereja les cerraba el paso.
No sabían como anunciarse y a pesar de su carácter abierto y altivo sintieron cierto temor. De pronto salió un muchacho pocos años mayor que ellos y hablándoles en perfecto maya les dijo:
- Les puedo servir en algo?
- Sí buscamos al "Halach-Winik"(3), Don Juan Ordorica Escalante.
- Ah sí mi padre, yo soy Luis Ordorica Cano.
La mente matemática de Oxib-Pech sumaba y restaba uinales y por más que hacía no lograba entender como ese muchacho era hermano de Don Juan Ordorica Cano, el viejo hacendado, y por lo tanto hijo de la esposa de un hombre mucho mayor...
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(1) "Champotón".- Puerto del Golfo de México desde el cual se inició la conquista del pueblo maya por parte de los españoles.
(2) "Chilango".- Forma peyorativa de nombrar a los nativos de la Ciudad de México.
(3) "Halach-Winik".- Patriarca o cacique.
CAPITULO 14
- Buenos días, ¿es usted Don Juan Álvarez?
- Sí, para servir a usted Teniente, pero...
De inmediato Ramona le interrumpió. Desplegando una sonrisa franca le dijo con una modulada y ronquita voz de soprano:
- No se altere, no se altere, lo que sucede es que conozco de años a Chonita su sirvienta y viendo ella que esperaba afuera en lo frío me franqueó el paso, usted disculpe.
Herrástegui no sabía que hacer. Miraba a la muchacha con asombro, sus miradas iban del profundo escote a las torneadas piernas o miraban aquellos límpidos ojos. Por fin alcanzó a decir, no sin alguna dificultad:
- Al contrario disculpe mi tardanza, no la esperaba tan temprano, siéntase como en su casa ..., digo su oficina. Supongo que ha de ser la teniente Ramona Quijano.
- Si señor, mi general me mandó a tramitar el uso del Internet esperando que nos pueda proporcionar el servicio.
Juan empleó el recurso de costumbre: Tomó asiento en su sillón frente al escritorio, echó mano a su pipa y encendió el fresco tabaco; el uso de la extraña agua de colonia que le había enviado de Mérida su amigo Miguel Tunkulucho le hacía sentir veinte años más joven.
La muchacha se acomodó, entonces, frente a él en una de las sillas de trabajo, la que le hizo parecer aún más hermosa y provocativa.
- Mire usted Teniente...
Nuevamente fue interrumpido.
- No se si le importe Don Juan, pero preferiría que me tutease, claro, si no le importa; me es imposible trabajar de otra manera, salvo en las oficinas del Estado Mayor, en donde por estrategia y disciplina mantengo las distancias, pero aquí me sería mucho más cómodo el Juan y el Ramona, te parece?
A Juan no le cabía el asombro. Aquella mujer lo tenía embobado a grado tal que al sonar el interfono de su teléfono no lo contestó, por lo que su secretaria tuvo que entrar a la oficina a ver lo que ocurría:
- Ya estoy por aquí, Licenciado, no se le ofrece algo?
- No se le antoja un cafecito Teniente..., perdón, Ramona?
- Sí claro Juan, con dos de azúcar si me hace favor, señorita.
Rosíta asintió con un gesto de cabeza y salió no sin antes lanzar una larga mirada de puñal a Ramona.
La mañana transcurrió de prisa. Ramona demostró ser más conocedora de lo que el creía: las preguntas eran precisas y en algunos momentos complicadas. A Juan le costaba trabajo no traicionarse en cuanto a sus intereses; se definió el alcance del servicio, los programas, sobre todo el de navegación, y el E-Mail, pues Álvarez requería que se escogieran el Explorer y el Eudora. Por fin lo consiguió.
Quedaron en que el diseño de la hoja Web lo harían entre los dos, lo que le pareció la gloria, se sintió como un adolescente y los ímpetus masculinos, largo tiempo adormecidos, empezaron a aflorar.
Afortunadamente su inquietud espiritual y física se compensaba con el hecho de que Ramona no mencionaba para nada el equipo. Sería que en la zona militar ya lo tenían?
- Mira Juan, por último, necesitamos un equipo igual al que vio el general en el despacho del diputado, será posible?
- Claro Ramona pero su costo es un poco elevado..., tres mil quinientos sesenta y cinco dólares.
- Mándalo, mañana a primera hora puede pasar el chofer del general por ella y de paso te paga la inscripción del Internet y el equipo.
- Te propongo algo mejor, Ramona, que tal si mañana mismo te la llevo y juntos instalamos los programas, esta tarde dejaré lista tu clave para el E-Mail.
- Perfecto Juan, ponle simplemente, Ramona.
Acompañó Juan a Ramona hasta la puerta despidiéndose con afectuoso beso en la mejilla. Juan regresó a su oficina cantando...
- Ramona, ta rarara, rara, ra... Ramona...
CAPITULO 15
Terminó Luis con calma su sabroso desayuno, pagó la cuenta y se dirigió a sacar de la pensión su pequeño y práctico vocho. Curiosamente la dirección que tomó fue la salida a Celaya. Por ser domingo la ciudad se encontraba libre de tránsito, sin embargo, al pasar por delante de las instalaciones de los campos deportivos de la universidad el paso estaba interrumpido por unidades de la policía y de la PJ por lo que comprendió que algo gordo había pasado. Para Apolinar las cosas debían de estar en su punto.
Se detuvo a cargar gasolina en las inmediaciones del Pueblito (Villa Corregidora), preguntando al encargado del servicio por el seminario de los Misioneros del Espíritu Santo y prosiguió su camino.
Unos cuantos kilómetros más adelante vió la cruz de piedra de referencia y torciendo a la derecha por un camino empedrado encontró la hacienda rodeada de altos muros y pensó "los muros de la indiferencia y la ignominia"; dió vuelta a la izquierda y luego a la derecha, por fin topó con los anchos muros de piedra rústica y la reja.
Apretó el botón del timbre y ni tardos ni perezosos salieron dos enormes perros pastor alemán que con tono amigable le empezaron a ladrar y mover las colas; poco después apareció un amable muchacho de diez y siete años que vestía una no muy nueva sotana negra con un pequeño emblema rojo:
- Buenos días, señor, le podemos servir en algo?
- Sí claro, verás tengo cita con un sacerdote, el padre Ignacio Molina Font.
- Ah, pase lo anunciaré, puede esperar aquí al lado en los salones de recepción o si prefiere pasar a la capilla, siempre está expuesto el Santísimo.
Siguió Luis al seminarista y quedó gratamente impresionado: al fondo bajando los escalones, descubrió una moderna capilla blanca y una amplia terraza con losetas de barro.
El lugar, moderno pero austero, estaba plenamente iluminado por la luz del sol; sin embargo, las ventanas no eran visibles al quedar a sus espaldas, las bancas rústicas de pino seguían la misma línea modernista, las paredes pintadas de blanco o amarillo contrastaban con el rojo piso de barro vidriado, un rectángulo de gruesos maderos de pino pendía de sendas cadenas del techo formando un dosel sobre el altar de piedra gris, a su izquierda y sobre un pedestal, estaba una hermosa y también moderna custodia y a la derecha una bellísima talla de la Virgen (del siglo XVII y de tamaño natural).
Respetuosamente arrodillado Luis oró por algunos minutos, notó la presencia, casi mística, de un delgado sacerdote que se encontraba algunas bancas delante de él. No fue sino hasta que el mismo seminarista que le recibió se acercó al mismo cuando comprendió que éste era, nada menos, que el padre Molina a quien buscaba.
Luis se retiró y esperó pacientemente afuera disfrutando el agradable aroma de los naranjos en flor.
-Tu deberás ser Luis, no es así?
- Si Padre.
- Ignacio o Molina, como prefieras. Qué te trae con nosotros?
Ordorica Cano lo observó con detenimiento: era sumamente delgado pero alto, de unos cuarenta años, medianamente calvo, "La imagen del Quijote" pensó, pero lo que más llamó su atención fue su mirada que lo traspasaba todo, casi como la de un loco y para acabar, los hundidos ojos eran de distinto color: el uno castaño claro y el otro verde grisáceo.
- Pues mira, Gaby Molina, una compañera, me habló mucho de ustedes y de la labor que realizan en Santa Bárbara.
- No sólo en Santa Bárbara, tenemos iglesias en muchas partes: Tijuana, D.F., Mérida, etcétera.
- Me dijo de algo que ustedes llaman comunidades de base y que desarrollan una labor social a distintos niveles.
- Si la verdad que es muy largo de contarte pero a partir del Concilio Vaticano II hemos manejado la idea y creemos que solo una iglesia comprometida puede remediar nuestros problemas sociales, sobre todo con la gente más pobre del pueblo y los indígenas. Pero mira, aquí en la comunidad de Valvanera somos sólo dos sacerdotes para preparar a ochenta futuros sacerdotes por lo que apenas tengo tiempo de explicarte, por qué no me acompañas en este momento y te vas enterando por ti mismo?
Luis nunca imaginó lo que le esperaba, ni en lo que se estaba metiendo.
CAPITULO 16
Juan comía como todos los días en el espacioso comedor de la casona. Habilitada como oficinas tenía algunos espacios que seguían sirviendo para su uso original; el amplio patio español permitía el acceso a varios despachos más que Herrástegui arrendaba a un par de médicos y a una notaria pública, la de Don Rogelio Gazca Archundia.
Chonita, que se encargaba de todo: limpieza, portería, vigilancia, etcétera. era, además, excelente cocinera, mitad empleo, mitad negocio y no poca dosis de fidelidad para Don Juan Álvarez. Por todo esto se convertía en un elemento comunitario al que todos consentían.
A la mesa se sentaron aquel día: Don Rogelio, Benito Ramirez, Rosita Manriquez y Juan. Benito desempeñaba hábilmente el puesto de vendedor y Rosita el de secretaria del negocio. Contaba la empresita, también, con un par de técnicos electrónicos y un muchacho recién casado ISC (1) de la UNAM, los cuales preferían salir a comer a sus casas.
Rosita, alta espigada y de no malos bigotes, pertenecía a la clase media alta de San Cristóbal; hija de una familia profundamente "coleta" (2) vestía siempre con elegancia y recato sin dar lugar a comentario ligero alguno; lo mismo sucedía con Don Rogelio quien con frecuencia hablaba en un tono doctoral, de abogado.
- Dígame usted Licenciado, a qué debemos su amable compañía?
- Pues verá, Don Juan, Regina mi esposa, tuvo una reunión de Cáritas en las oficinas del señor Obispo y como comprenderá eso se alarga hasta muy tarde.
- Pues Don Juan también organizó su propia reunión todo el día con una de esa mujeres marimacho del ejército.
- Rosita! ...
- Pues es la verdad, Don Juan, por eso están las cosas como están.Benito no aguantó la carcajada.
- Ja, ja, ja, no será que estás celosa, Rosi?
A Rosita los colores se le venían y se le iban, como si fuera un semáforo descompuesto. Para su suerte el notario intervíno entre propio e interesado.
- Refiriéndonos al ejército la verdad es que estoy preocupado; han de saber ustedes que la zona militar adquirió unos terenos aledaños a sus actuales instalaciones, los que precisamente colindan al este y eran propiedad de Don Pablo Martens. La cantidad que se pagó significó una pequeña fortuna.
- Caramba, que calladito se lo tenían!
- Sí, la operación se efectuó con limpieza y prontitud.
- Y digame Licenciado, ¿qué hay de cierto de los problemas de tierras de los altos?
- Sí, eso es más preocupante. Los hacendados, en contubernio con la nueva Secretaría de Asuntos Agrarios, están efectuando, lenta pero eficazmente, un despojo flagrante a los indígenas.La plática continuó. Los comentarios abundaron y Rosita no dejó de meter su cuchara, no precisamente en la sopa. Juan comprendió que había comprado boleto para la función de todos los días y para colmo, en primera fila.
- Por cierto, Rosita, no quisiera usted prepararme la factura de Pentium Especial a favor del Estado Mayor Presidencial?
El gesto de Rosita fue nuevamente inequívoco, presagio de una gastritis.
Con un café en la mano y la pipa que ardía furiosamante pasó Juanito como locomotora a su despacho. Encerrado, a piedra y lodo, pasó la tarde preparando el enlace del Host del despacho con su Server, proporcionando el E-Mail de Ramona para activarlo de inmediato.
Por fin dió señales de vida:
- Mire, Rosita, se me había pasado, agregue a la factura que le ordené otra por el servicio de Internet, con cuota especial tipo ejecutiva, por tres meses.
- Con mucho gusto, Señor.
- Ah, otra cosa, me pienso retirar temprano, tengo una terrible jaqueca.
- No se preocupe, todo estará listo esta misma tarde, antes de la salida, sobre su escritorio.Rosita comprendió que más moscas caen con miel que con hiel, sería?...
De mejor humor y satisfecho pasó, entonces, nuestro escarabajo, a su vivienda. Puso los cerrojos y dedicó su atención a la elegante dama. Mariqueta ronroneo de placer y se echó a su lado.
Alargando el gusto de una fumada inició un profundo análisis de conciencia, no podia descuidar nada:
Primero: no debía dejar que sus sentimientos, sus impulsos, lo traicionaran. Despacio, despacio, Ramona no puede ser sólo una aventura.
Segundo: el equipo debe funcionar de maravilla, es indispensable.
Tercero: debo recoger, discreta y oportunamente, el mensaje de Samuel y sobre todo, cuidarme de Rómulo Zanate.
Cuarto: las mujeres son temibles sobre todo cuando se encaprichan. Ahora existían dos, una fría, bella y calculadora, la otra no menos inteligente, enamorada y conservadora.
Juan no sospechaba que existía una más, Chonita.
Dejó a un lado sus pensamientos y decidido se dirigió al taller. Los hermosos libreros de caoba despedían un agradable olor a madera rancia; pertenecían, desde hacía mucho a aquel lugar. Se acercó a uno de ellos, presionó una pequeña palanca disimulada detrás de una moldura y toda una sección se deslizó y giró suavemente. Detrás de aquel paso, al encender la luz eléctrica, apareció un amplio recinto.
Todo aquello no formaba parte de una historia de James Bond, simplemente consistía en un rezago de la época cristera. Sus abuelos lo habían construido con sumo sigilo a fin de poder celebrar, en su momento, la Santa Misa junta toda la familia y los amigos más íntimos. Juan lo consevaba en perfecto estado. Había retirado cuidadosamente todas las reliquias, los reclinatorios y las bancas; instaló la luz, tuberías y acondicionó el drenaje y los servicios, incluso preparó una pequeña celda en lo que alguna vez funcionó como sacristía. Desde afuera parecía una pequeña alhóndiga, que en efecto alguna vez lo fue. Nadie, absolutamente nadie, sabía de ella. Para completarlo todo, un portillo en el piso prestaba acceso, a través de un pequeño túnel, a un estanquillo cerrado que daba a la calle posterior.
Juan empezó un arduo trabajo que debía llevar varios días: seleccionar todo lo compremetedor, trasladar libros, panfletos, archivos, correspondencia, duplicar su taller, instalar computadoras, teléfono, fax y radio, si no, cómo podría invitar a Ramona a su habitación?
Casi toda la noche la ocupó en aquellos menesteres y después de un ligero refrigerio y un corto sueño salió muy temprano.
Las sombras y el frió lo acecharon. Sus pasos se dirigieron al mercado. A la entrada, sentadas sobre las piernas cruzadas y recargadas sobre las altas rejas de fierro fundido, un grupo de inditas ofrecían su producto.
- Mire patrón, tortillas calentitas de puro máiz prieto.
La contraseña estaba dada. Por si sí o por si no, Juan preguntó al resto y al fin se decidió.
- Deme de esas marchanta, que sean dos docenas, pero las de enmedio.
La india envolvió con cuidado las tortillas en papel de estraza y extendió ambas manos, con una entregaba el producto y con la otra recibía las monedas del pago.
- Muchas gracias patrón que tenga un bonito día.
Todo esto lo dijo en un claro idioma zotzil lo que acabó de tranqulizar a Durito. Lo que no lo dejó tranquilo fue el jovencito, que pelado al rape, no dejaba de verlo desde la acera de enfrente.
No bien llegó Álvarez Herrástegui a su habitación separó las tortillas, sacando una pequeña bolsita de plástico. Dentro estaban escritas, con fina letra manuscrita, las instrucciones...
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(1) ISC.- Ingeniero en Sistemas Computacionales.
(2) "coleta".- Forma de nombrar a la población conservadora de origen criollo en Chiapas.
CAPITULO 17
- Te acuerdas de como montar en bici?A Luis le sorprendió la pregunta pero, para su fortuna, había practicado desde pequeño el ciclismo; en las vacaciones aún la usaba en sus extensos recorridos por los caminos del "Mayab" (1).
- Sí claro, por qué?
- Porque a donde vamos sólo podremos llegar con ellas, le respondió el padre Molina.Después de quince minutos de camino y un cruce peligrosísimo de carretera llegaron con las dos viejas bicicletas a un apartado lugar de la colonia Santa Bárbara.
La vivienda de ladrillo rojo y techos de lámina era sumamente modesta. Dos cuartos redondos, uno con colchones viejos y el otro que servía como estancia, dos alacenas viejas de lámina, un pequeño refrigerador, una mesa con cuatro sillas y una pequeña estufa de gas lo ocupaban casi todo; en un rincón, y sobre una rústica repisa, una imagen de la Virgen de Guadalupe con dos floreros con margaritas del campo y una veladora encendida, a su lado viejas fotografías y, en forma irreverente, el calendario con la litografía de una muchacha desnuda.
A pesar de ser un día luminoso un foco iluminaba el lugar carente de ventanas y por lo tanto de ventilación; el olor de los frijoles en la estufa se mezclaba con los humores del sudor y el aguardiente; sin embargo, todo aquello lucía limpio: el piso de tierra recién barrido, los vasos de vidrio coloreados, las ollas y platitos cuidadosamente colocados en las alacenas y el mantelito finamente bordado a mano extendido albeante sobre la mesa.
Salió a recibirlos una regordeta pero bonita mujer, que secándose las manos en su delantal color de rosa les dijo:
- Pasa Ignacio, pasa.
A Luis le sorprendió aquel trato de confianza, no esperaba así el saludo de una mujer del pueblo.
- Buenos días Gudelia, ¿podemos saludar a "Pueblito" (2)?
- Si, claro, pasa y siéntate y usted también hermano.Como si fuera su casa Molina prefirió asomarse por detrás de la cortina de tela que hacía las veces de puerta con la otra habitación.
- Se puede?
- Claro, pásale, el partido está a toda madre.José María del Pueblito estaba recostado sobre uno de los colchones. Su apariencia no dejaba duda: descamisado y mal fajado, a las claras se veía que sufría los efectos de la borrachera del día anterior. Joven, no pasaba de los veinticinco años, pero su estómago denuciaba el abuso de la cerveza y la desnutrición, la barba crecida y su aspecto sucio indicaban que por lo menos desde el viernes había comenzado a beber.
Extendiendo el nervudo brazo ofreció una enorme botella "Cahuama" (3), diciendo:
- Echense un traguito y vamos a ver el partido que, aunque es diferido, está muy suave.
Con la mayor naturalidad del mundo cogió el cura la botella y limpiando la boca con el dorso del brazo se tomó un gran trago.
- Hórale Luis, está muy fresca.
Luis, acostumbrado desde niño a lo limpio, a los modales depurados de la clase rica de Mérida, sintió un asco terrible pero se sobrepuso y extendiendo el brazo imitó el gesto del sacerdote apurando un tímido y corto trago.
Los equipos que jugaban eran los maltrechos Gallos Blancos de los Vázquez Mellado contra el América capitalino y, lógicamente, aquello era una masacre.
El engolado comentarista iva del tiriti...to al zambombazo y al estridente Goooo...l, que era en contra de los primeros.
Con habilidad, el sacerdote estableció una plática amable pero compremetedora; hizo que el hombre aceptara asistir a una reunión de comunidad junto con su mujer el siguiente viernes. Continuaron bebiendo algunos minutos más y por fin, se despidieron.
La mujer que detrás de la cortina había escuchado todo se despidió alegremente de ambos y los vio partir en los rechinantes vehículos.
Las visitas se sucedieron unas a otras con ligeras variantes. Sin embargo, Luis notó que las familias cambiaban, eran más ordenadas, los hombres no estaban borrachos, o por lo menos les recibían bien fajados y limpios; la conversación aunque sencilla era agradable y los niños participaban junto con las esposas.
De regreso, Ignacio Molina explicó a Luis la forma en que se integraba una comunidad de base y el trabajo cotidiano de las mismas. Le platicó la forma de la Celebración Eucarística de cada viernes en las casas de los que las conformaban.
Al llegar al seminario Molina le dijo:
- Espero que no te sacudas el polvo de los zapatos.
Luis no entendió pero no le dijo nada.
La Misa comenzó puntual a la una y media. La pequeña capilla estaba llena de familiares de los seminaristas, concelebraba Molina y un sacerdote que venía de Chiapas. La celebración impresionó a Luis; los cantos resultaban originales, de protesta y ejecutados con instrumentos extraños: guitarras, flautas, tambores, y la feligresía como otro más, participando también.
Al escuchar el capítulo diez de San Mateo, Luis comprendió a Molina.
La homilía fue dirigida por el sacerdote invitado, pero Molina participó con él refiriéndose a las condiciones del indígena maya y conminando a los seminaristas y a los asistentes a dar una solución al abandono y miseria en que se encontraban. Luis sintió cada palabra, cada frase dirigida a él. Aquello jamás le había sucedido antes.Tomó una decisión.
Al finalizar la Misa, Luis preguntó la dirección de los Misioneros en Chiapas.
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(1) "Mayab".- Tierra o territorio Maya.
(2) "Pueblito".- Forma de llamar a todos los que se bautizan con el nombre de la advocación de la Virgen de Santa María del Pueblito, venerada en Querétaro, México.
(3) "Cahuama" .- Forma de referirse a un tipo de cerveza envasada en un recipiente de vidrio de dos litros.
CAPÍTULO 18Aquel día, 21 de diciembre de 1901, quedaría grabado significativamente para el General Don Nicolás Ordorica Peón. En primer término, con la nueva del nacimiento de su único hijo varón y posteriormente, al enterarse de que era la fecha en que, con carta dirigida al Sr. Gobernador Francisco Cantón G., el Presidente de la República, Don Porfirio Díaz, comunicaba oficialmente la funesta decisión del gobierno central de despojar al estado de Yucatán de una gran parte de su territorio para formar el territorio federal de Quintana Roo. Doña Alicia Escalante Sobrino, su esposa y joven bochita, le había cumplido al General a los treinta y un años de edad, el deseo de tener un heredero. Ni tardo ni perezoso corrió al servicio telegráfico a fin de girar sendos telegramas: el primero, a su compañero de armas y carrera el General Rafael Eguía Lis, el segundo para su viejo maestro del Colegio Militar, Don Ignacio Molina, avisando:
Permito dar parte nacimiento primogénito Juan. Queda de Ud. con respetuoso afecto su Atto, S.S., sincero amigo y adicto subordinado, q.b.s.m. General Nicolás Ordorica P.
Mérida, Yucatán a los Veintiún días de Diciembre de Mil Novecientos Uno.El 15 de Febrero de 1922 el joven y próspero hacendado, Juan Ordorica Escalante, con apenas veinte años cumplidos, contrajo matrimonio con la agraciada señorita Martina Cano Grajales, hija de Don Florencio Cano Ancona y de Doña Martina Grajalez Bolio, ambos de la más refinada y alta sociedad. La boda celebrada en la catedral fue culminada con posterioridad en fastuosa fiesta y llevada a cabo en el elegante edificio del "Liceo de Mérida" en la esquina de las calles 62 y 65, en el mismo lugar en que hacía veintitres años habían festejado su casamiento los padres del novio.
Apenas un año después nació, del muy joven matrimonio, un enorme y rubicundo muchachote, Juan Ordorica Cano y para el 7 de Abril de 1927 su segunda hija, Alicia, que como gran coincidencia para la familia fue también el día de nacimiento de Manuela Cano Grajales.
Al finalizar la segunda guerra mundial, el 7 de Agosto de 1945, nace la tercera hija de Don Juan (La Madre Cecilia). Con cuarenta y dos años de edad Doña Martina no resiste el parto y fallece para el desconsuelo familiar. El joven Juan, convertido en todo un hombre, decide dedicarse a la explotación de la madera y se refugia en la vieja hacienda familiar de Dzilbalché, en el vecino estado de Campeche.
Para 1946, el 14 de Octubre, Don Juan Ordorica Ecalante contrae segundas nupcias con su cuñada Manuela, él de cuarenta y cuatro años, ella de apenas diez y nueve.
El dispar matrimonio tarda largo tiempo en tener a su único hijo y no es sino hasta el cabalístico 21 de Diciembre de 1968 cuando nace Luis Ordorica Cano con un padre de sesenta y siete años y una madre de cuarenta y uno.
Esta era la razón del problema de los huinales que Péch no comprendía cuando conoció a Luis, en la vieja casona, ese 20 de Noviembre de 1989.
Los muchachos fueron instalados en una amplia habitación con ventanales al oriente y vista al jardín posterior de la mansión: dos mullidas camas, un juego de antiguos roperos con altos remates y espejos, un moderno y funcional bañito, libreros, un par de amplios secreteres con sus correspondientes sillas y dos amplias y finas hamacas conformaban el mobiliario de aquella habitación; el ronroneo de las aspas de un abanico de techo y el agradable olor de las maderas finas completaban aquel placentero ambiente.
Es por demás mencionar el que Pedro y Andrés no salían de su asombro. Nunca habían visto nada igual ni siquiera era posible el que lo hubieran sospechado. Comenzaba la segunda etapa de intensa preparación que el destino les preparaba.
Después de asearse no sin antes experimentar, probar y curiosearlo todo, vestidos de blanco, según su costumbre, salieron, cumpliendo las indicaciones previas de Luis, en dirección al comedor. Este era, con mucho, más impresionante que todo lo demás: tres enormes muebles de encino de ebanistería profusamente labrada con sus cubiertas de impecable mármol italiano, típicos de principios de siglo y de origen belga, una larga y amplia mesa para dieciocho personas con sus trabajadas sillas, el servicio de plata, cuatro bodegones y un enorme espejo francés sobre los muros, además de un amplio ventanal, abierto de par en par, hacia el jardín central.
Sin timidez alguna, altas las amplias frentes y con el nerviosismo en sus sonrisas, los dos tomaron asiento al lado de Luis.
A la cabecera de la mesa estaba un respetable viejo, bajo de estatura, con la venerable cabeza desusualmente grande, de delgado y corto cabello blanco cortado al rape y ralo bigotito; vestía una finísima guayabera de seda, pantalón negro y zapatos de charol; a su izquierda, con casi idéntica configuración corporal pero escrupulosamente arreglada y un curioso peinado de trenzas con listones de colores enrolladas sobre su cabeza, gargantilla de oro, múltiples pulseras y unos delicados anteojos del mismo material, estaba Doña Manuela Cano Grajales, aparentando discretamente menos de sus sesenta y dos años. Frente a ella se encontraba todo un personaje. Vestido con un ligero traje de lino de excelente corte, camisa del mismo material y una discreta corbata negra estaba el Licenciado Miguel Tunculucho Cen. El digno perfil maya, la oblonga cabeza ligeramente echada atrás y unas armoniosas manos delicadamente posadas sobre la orilla de la mesa, confirmaban su respetabilidad. A su lado, otra dama enormemente parecida a Luis, respondía al nombre de la Madre Cecilia, una simpática e inteligente monja de la congregación de La Asunción. Luis se encontraba justamente sentado frente a ella. Finalmente junto a Madre Cecilia se sentaba una refinada y arreglada mujer, de mirada franca y sonrisa pronta, Alicia Ordorica de Peón.
Extendió Oxib-Péch el sobre blanco meticulosamente lacrado con el sello de la hacienda.
Sacó entonces el viejo Juan sus antiparras. Abrió con delicadeza el sobre y se puso, calmadamente, a leer su contenido; conforme avanzaba la lectura palideció ligeramente al tiempo que sus seniles, pero firmes manos, denotaron un ligero temblor. Entonces dijó en un claro y antiguo maya:
- Bienvenido seas tu, Oxib-Pech Yum Kax , gran Mai y tu apreciable amigo. Haremos cuanto esté en nuestras manos por ayudarte en la ardua tarea encomendada, como dignos representantes de nuestra casta divina.
Miguel Tunculucho casi saltó de la silla y estuvo a punto de tirar los cubiertos de la mesa...
CAPÍTULO 19
Su fisonomía había cambiado radicalmente. Con la musculatura tensa, el gesto adusto, frío y calculador. Apolinar Ledesma se dirigió al flamante Ford negro, con el ostentoso emblema de la PGR, al que había dejado bien a la mano, estacionado en lugar prohibido, en la calle de Corregidora. Abrió la cajuela, sacó la sobaquera con la flamante Beretta, lista para disparar, colacándosela al hombro y asegurándosela por la cintura; disfrazó convenientemente la mirada tras sus elegantes Carrera, se caló la gorra negra y se puso la chaqueta de cuero; subió al automóvil, puso la torreta sobre el techo, prendió la sirena y se dirigió presuroso rumbo a Celaya.
Al tiempo que sorteaba el poco tráfico de las calles céntricas pulsó el botón de la radio, diciendo:
- Jabato para Aguilita, Jabato para Aguilita, cambio...
- Adelante mi comandante, adelante, cambio...
- Dame posición del catorce veintitrés, cambio.
- En la pista de atletismo de los campos deportivos de la UAQ, mi comandante, cambio...
- Enterado..., asegúrame vehículos, empleados y a todas las personas; cierra las rejas y no dejes entrar a nadie hasta que llegue, cambio...
- Pe...ro, mi comandante, eso es muy difícil...
- Con un carajo, obedece,... quién más está en posición?, cambio...
- El Sami, el Broncas y el Rajuelas comandante... pero más vale que considere la situación, señor. Esto se está poniendo calientito, tenemos: maestros, funcionarios, porros, señoras, estudiantes y hasta escuincles...
Apolinar montó en cólera. Al mismo tiempo que el automóvil tomaba, casi en dos ruedas, la curva en la bocacalle de Juárez y Avenida Zaragoza, sin soltar el micrófono, dijo:
- Mira jijo de puta, me haces caso o qué...!, que se haga cargo el Rajuelas y me esperas a la entrada; vete pensando en una suspensión... Ah, otra cosa!, no me dejen entrar a los medios, cambio y fuera.
Turno hábilmente de canal y dijo:
- Adelante central, adelante central, para unidad dos, adelante...
- Adelante Comandante, operadora diez y ocho, adelante...
- Por favor señorita vea que se localice al agente del ministerio público y se presente en el catorce veintitrés del deportivo UAQ, cambio.
- Está hecho, Comandante; me tomé incluso la libertad de mandar a la unidad once por él, cambio...
- Bien, muy bien, entonces mande también al médico legista y a los peritos investigadores, cambio...
- Si señor, de inmediato; algo más, cambio...
- Nada, nada, cambio y fuera...
Nuevamente giró la perilla de la radio al canal de operación al tiempo que llegaba a su destino.
La entrada estaba completamente obstruida por vendedores de paletas, chamacos, señoras, borrachines trasnochados, deportistas gordinflones, dos o tres chamacas de buen ver y para acabar de joder, la camioneta de TVQ, de Televisa.
El Jabato, que disfrutaba de aquello platicando con los medios, acabó de encabronar a Ledesma. Empujando a la gente, a diestra y siniestra, se abrió paso hacia la puerta.
- Con permiso, con permiso, retírense, a un lado, retírese, desalojen, desalojen...
El reportero y el camarografo no se movieron, antes al contrario le cerraron francamente el paso.
- Unas palabras, Comandante, de quién se trata; fueron armas largas?; era la amante?; quién es el niño?, cuántos intervinieron en el atentado?
- Y cómo chingados quieres que lo sepa, Ramiro?, primero veriguo y despues informo. Quítense y espérense o los hago detener por interrumpir la acción de la justicia federal.
- Señores y señoras, el comandante Apolinar Ledesma nos informa que se trata de un crimen que compete al orden federal por lo que...
No bien acabó de decir el reportero, Ramiro Galarza Gómez, cuando con rudeza Ledesma cogió al camarogrofo de la corbata obligándolo a cortar la impresión del video. Para fortuna de todos, la noticia no se daba en vivo y en directo porque el camión de enlace maestro aún no llegaba. Seguro estaba Apolinar de ser acusado de violencia física para con los representantes autorizados de los medios de comunicación, lo cual le tenía sin cuidado. Requirió de nuevo al Jabato:
- Tú no acabas de entender. Te dije que los alejaras. Hazte cargo y cuidado con dejarte intimidar. Aquí no entra nadie sin autorización y menos estos pelados, entendido?
El tipo moreno grandote y feo se encogió de hombros y a manotazos cumplió cabalmente la orden.
Con paso rápido Apolinar se dirigió hacia la pista que rodeaba la cancha de futbol. Los frondosos eucaliptos que la rodeaban impedían la visión de los curiosos y de los zooms de las cámaras. Al llegar al lugar no tuvo más remedio que estremecerse. La ecena no era para menos. Justo en la curva del extremo oriente yacían tres cuerpos en sendos charcos de sangre que contrastaban con la blanca arenilla de la pista y el verde pasto de la cancha.
Las amarillas tirillas plásticas de seguridad acordonaban el área y salvo dos agentes con sus negros uniformes, no había nadie más.
El eficaz Rajuelas acudió presuroso al encuentro del superior, cuadrándose e informando.
- Apolinar, se han dispuesto las cosas como de costumbre. Se acordonó lo más pronto posible la zona y he procurado no pisar demasiado el lugar; me puse los tenis y procedí a la identificación preliminar y a marcar la postura de los cuerpos. El hombre aparenta unos cuarenta y ochos años, tez morena, ojos negros, pelo al rape, cara redonda, nariz ancha, pomuloso, sin bigote ni barba, más bien robusto, de 1.65 a 1.70 metros de estatura y unos ochenta kilos de peso; ropa de buena calidad consistente en unos pants, posiblemente importados, los tenis, Adidas, esos que son de colchón de aire y reloj Rolex de oro. Ella es de unos cuarenta años, bajita. de 1.50 a 1.55 lo máximo, piel blanca, ojos creo azules, no fea, con pants de moda y tenis, no llebaba aretes ni pulseras. Por otra parte, ninguno de los dos traía puesta argolla de matrimonio, sin embargo, al miralos cuidadosamente, se nota a las claras que sí las usaban. Caben, por lo mismo, las siguientes posibilidades: primero, el móvil no ha sido el robo; segundo, les quitaron las argollas para evitar la identificación inmediata. La tercera víctima es una muchacha de unos diez y seis años lo más, con los mismos rasgos generales de la mujer y vestida de la misma forma, incluso del mismo color y estilo; como única seña trae una cadenita con tres letras entrelazadas y una leyenda por detrás, "MJC - Unidos con Cristo para siempre". Debe ser regalo del novio.
Por último, mi Comandante, se usaron armas largas y cortas; con las primeras se les victimó, con las segundas se les dió el tiro de gracia. El problema es que no aparecen por ningún lado los casquillos. Estos mal nacidos, hijos de la chingada, hicieron un trabajo limpio.
Apolinar no contestó. Mientras el otro hablaba había recorrido el perímetro con la mirada; de pronto, su vista se fijó en algo brillante: a la orilla, acuñado con el bordillo de concreto, se encontraba un casquillo de 9 mm., inconfundible...
CAPÍTULO 20
José Pereda del Castillo sudaba como un cargador. No entendía bien todo aquello que le pasaba. Habían transcurrido algo más de dos años desde que obtuviera aquella misteriosa agua de colonia, para de un litro y medio de capacidad y bien concentrada. En un principio, no había notado nada, pero ante la constante protesta de sus compañeros por el ataque de los mosquitos, la impertinencia de las moscas y la desagradable presencia de las cucarachas, acabó por caer en la cuenta. Sí, era la loción, no había de otra. Ya fuera simple curiosidad o genuino deseo de aplicar sus conocimientos de "MB" (1) del "Poli" (2), el caso es que decidió investigar por su cuenta, apartó cuidadosamente una pequeña cantidad de aquella substancia y se encerró en el laboratorio.
Al igual que sucedía con José Negrín, en España y con Alfredo Hide, en el Perú, no daba con la fórmula; claro que él había comprobado de alguna manera sus efectos. Sin embargo, creía erróneamente que se trataba de un tóxico repelente y no, la loción era mucho más. Todos los efectos que buscaba en la sustancia se derrumbaban, ¿qué era aquello?
La causa de su congoja no era solamente la investigación, que cada vez lo frustraba más. La lucha nacional contra el paludismo y el dengue no avanzaba, antes al contrario se extendía y para colmo, el país se encontraba inmerso en serios problemas, signos de ingobernabilidad, crisis económica y como si fuera poco, asesinatos políticos.
El cambio de gobierno estaba a la puerta y por lo tanto, su chamba corría peligro. Él, en realidad, no era un funcionario corrupto, eso sí, de vez en cuando, conseguía una prebenda u obtenía una modesta mordida de algún ingenuo. Ilusionado con su descubrimiento, decidió jugársela mandando una carta directamente al Subdirector de Investigación de Plagas e Infecciones, diciendo: "Con el debido respeto comunico avance personal en el estudio de un repelente sumamente efectivo en toda clase de insectos particularmente de los mosquitos."
Nada hubiera pasado de no ser por que en el afán de descubrir qué era aquello, convirtió a su laboratorio en uno de los más avanzados, no solo de México sino de todo Latino América, con la consecuente inversión.
Siguiendo un dicho de viejo político pensó "Lo importante no es poner el huevo sino saberlo cacaraquear" (3) y vaya que lo hizo!; lo malo fue que se le olvidó que podía "poner un huevo en tecnicolor" (4).
El pobre "defeño" (5) no se acostumbraba al húmedo y tórrido calor de la costa campechana; en su desesperación se refugiaba bajo las amplias aspas del ventilador de techo del café. Por su mente pasaban, una y otra vez, las pocas palabras de aquel ojete muchacho, Pedro "Oxib-Péch Cano" (6). Ese nombre no se le olvidaba pero cómo era aquel otro?: Tuntún, Tuno, Ticolo, Culo...,no, como!, imposible, ni de día ni de noche podía recordar aquel nombre. Para colmo de sus desdichas no pudo comprar su "ESTO" (7), así que, resignado, se dijo: "A falta de pan buenas son semitas", vamos a ver que dice este chingado diario. El periódico que compro no fue otro que el Diario de Yucatán; la sección deportiva, aún cuando completa, no cumplía, ni con mucho, con sus expectativas por lo que, por no dejar, empezó a leerlo de cabo a rabo. De pronto abrió las páginas culturales y como si hubiera visto a un alacrán empezó a gritar asustando a la concurrencia.
- Este es, este es...
La escritura gereoglifica maya
Principales sistemas de descifre
Por Miguel Tunkulucho Cen
En efecto, ahí aparecía el nombre, "Miguel Tunkulucho" (8). Tirando casi la silla se lanzó desesperado a la caseta telefónica que, para su fortuna, se encontraba en el lugar y a través de la operadora consiguió dirección y teléfono del periódico, así como la del propio Tunkulucho. Una pausada y melodiosa voz, con acento yucateco, le contestó.
- En que le podemos servir.
El diálogo fue concreto. José obtuvo una cita para esa misma tarde después de emplear todos los recursos imaginables. Saliendo sin pagar, como una tromba, partió para la blanca Mérida.
El pequeño despacho rezumaba dignidad y elegancia. Libreros llenos con tomos de doradas y elegantes encuadernaciones, vitrinas con asombrosas y genuinas piezas de jade de los antiguos mayas, códices y una espectacular y esbelta lámpara de canutillos de cristal coloreado de los años treinta que pendía del techo entablerado de cedro; muebles robustos y señoriales, sillones, alfombra sobre el parqué de madera barnizada, olores a cuero, madera y tabaco y sobre todo, el que agradablemente provenía del agua de colonia de Péch. Pereda se sintió desubicado. Sin dudarlo un instante y haciendo de tripas corazón, expuso con su limitado vocabulario de barrio, lo que lo traía.
- Verá Licenciado, su servidor es Subdelegado de la Cenepd (C.N.E.P.D.) (9) para el estado de Campeche y tengo a mi cargo algunas investigaciones...
La charla se prolongó por un rato, al punto de aburrir al profesor, literato y periodista yucateco que, sin embargo, con la típica fineza maya le contestó.
- No es para que se preocupe usted, permítame hacerle un obsequio; ahora le traigo lo que más falta le hace, pero no me será fácil localizar al gran "Mai" (10) para que obtenga de él mismo la formulación exacta de su elaboración, Estaría usted dispuesto a viajar a la selva?
- Por supuesto, por supuesto. Lo que usted diga Licenciado. Haga usted lo que marque la normatividad.
Salió y volvió el Licenciado con una caja de botellas, idénticas todas, a la que había comprado el funcionario a Pedro. Sus ojos brillaron casi con avaricia.
- Mire usted, es de interés para nosotros la difusión del uso de esta loción y permítame obsequiarle, además, un saquito de copal; encienda usted en un pequeño cenicero de vidrio, no más de diez gramos, todas las noches y verá los resultados. Por todo le aceptaré su generosa contribución para la causa, mil quinientos pesos.
En tanto aquel místico y enigmático personaje salía a conseguir el costalito prometido Pepe se rascó la cabeza, pensando: "Causa, cuál causa?, es bastante el dinerito y este si me cuesta a mí. Bueno, así será menos la chinga."
Cargó en la flamante Pick-Up su preciado tesoro no sin antes desembolsar el dinerito y despedirse, ceremoniosamente, del Licenciado Tunkulucho, como si fuera el mismo presidente.
Ya de noche, llegó a su oficina. Algunos de sus subordinados preocupados y expectantes le esperaban; sobre la mesa del despacho estaba un fax del mismísimo Director General.
Comisión Nacional de Erradicación del Paludismo y del Dengue
México, D.F. a 14 de Junio de 1994
ASUNTO: PROGRAMACION DE VISITA OFICIAL DE MACRO CONSUMERS LTD.
Subdirección General de Investigación de Plagas e Infecciones
Dr. Romárico Mestre Hernández
Subdirector General
Cd. de México D.F.
PRESENTE:
En. At´n. al C. QB José Pereda del Castillo:
Subdirección Estatal Para el Estado de Campeche
Campeche, Campeche, México.
Estimado Doctor:
Me dirijo a usted, con la oportunidad necesaria, a efecto de concertar visita oficial a nuestras instalaciones, del doctor y especialista en enfermedades tropicales el Sr. Frederik Donalson T. investigador agregado de la empresa MACRO CONSUMERS LTD; quien efectuará un análisis exhaustivo de los trabajos realizados en los laboratorios de esta ciudad y principalmente, de los de nuestra investigación de punta, en la ciudad de Campeche.
Haga usted el favor de presentar a la brevedad el cronograma de la visita, sus alcances y expectativas. El Dr. estará con nosotros la semana del catorce al veinte de Agosto de 1994, para volar, posteriormente a Lima Perú.
Sería muy conveniente se preparase usted, junto con el C. QB José Pereda del Castillo, no sólo a atenderlo como merece si no también a organizar, en comisión autorizada, el viaje para acompañarle al Perú y posteriormente a la amazonia.
ATENTAMENTE
C. Dionicio Bojorquez Aldrete
DIRECTOR GENERAL
Sufragio Efectivo no Reelección.
ccp.- C. QB José Pereda del Castillo.- Subdirección Estatal Para el Estado de Campeche.
ccp.- C. Raymundo Perales Huerta.- Oficial Mayor de la Comisión Nacional de Erradicación del Paludismo y del Dengue.- Edificio.
ccp.- Archivo General de Estadística.- Comisión Nacional de Erradicación del Paludismo y del Dengue.- Edificio.
ccp.- Oficialía de Partes y Comunicaciones Especiales.- Comisión Nacional de Erradicación del Paludismo y del Dengue.- Edificio.
Desde este momento tuvo que hacer uso de su machacoso y horrendo inglés; la desesperación, el caos, el fingimiento, los desvelos, la diarrea, la gastritis y casi un estado maniático depresivo, se apoderaron de Pereda del Castillo
Por once largos años su calvario seguiría y aún con el apoyo extranjero, no se lograría nada.
Mientras tanto y a pequeña escala, el producto de Pedro Oxib-Péch se iría extendiendo.
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1 "MB".- Médico Biólogo.
2 "Poli".- Forma de referirse a los egresados del "Instituto Politécnico Nacional"
3 "Lo importante no es poner el huevo sino saberlo cacaraquear" .- Dicho muy personal del escritor mexicano Luis Spota (1925-1985).
4 "Poner un huevo en tecnicolor" .- Dicho muy personal del escritor mexicano Luis Spota (1925-1985).
5 "Defeño".- Forma de referirse a los nativos o residentes del Distrito Federal (La Ciudad de México).
6 "Pedro Oxib-Péch Cano" .- Personaje central de "Conexión Maya" en esta misma revista de Queidea.
7 "ESTO".- Periódico mexicano de circulación nacional y de contenido fundamentalmente deportivo.
8 "Miguel Tunkulucho ( búho en maya)" .- Connotado escritor y periodista maya y misterioso H´men (Sacerdote maya) de "Conexión Maya" en esta misma revista de Queidea.
9 (C.N.E.P.D.).- .- Comisión Nacional de Erradicación del Paludismo y del Dengue (Institución ficticia).
10 "Mai" .- Apellido maya de Oxib-Péch (Tres Cucarachas), referente a un antiguo H´men de Dzitbalché.
Gabriel (Kutz) Molina Eguíalis (México) codiseme@infosel.net.mx
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