CAPITULO 21

William Harper se dejó caer en el asiento de su oficina. Sus tres ayudantes se quedaron paralizados al ver la pantalla gigante. Mostraban los files que habían logrado robar del PC del dichoso Charlie Franco. Por alguna extraña razón al jefe le interesaba de manera personal aquel loco.
Los cuatro volvieron a mirar a la pantalla. Decodificar los files había sido un suplicio. Aquel demente había inventado su propio procedimiento para proteger sus files. Consistía en invertir una cierta función que él había escogido y regresionarla de tal manera que los códigos quedaran completamente transformados. Además, le había añadido un par de transformaciones matemáticas más, convirtiendo en un verdadero calvario la decodificación de los files. El departamento de MC, encargado de ello y a la cabeza del cual se encontraba William Harper, había trabajado arduamente durante mes y medio para lograrlo. Y ahora que lo tenían limpio, lo veían y no entendían nada.
Claro que ése ya no era su trabajo, se dijo Harper. El había cumplido con decodificar los files, por trabajoso que hubiera sido, y ya no tendría nada más que ver con el demente de Franco. Pero aun así seguía preocupado. Harper había profundizado en el estudio matemático y consideraba que sabía bastante al respecto. Pero por mucho que mirara los files de Franco no lograba descifrarlos. Era simplemente frustrante. Ni siquiera sabía de qué estaba hablando. Sería por eso que lo llamaban la Amenaza Latina? En todo caso, ya no quería saber nada más de aquel asunto.
Pobre Franco, pensó Harper. Si el departamento de MC dedicado por entero a tratar de entender los files no lograba su objetivo, el jefe enviaría a "alguien" a intentar "convencer" a Franco de que colaborase con MC. Y eso no sería nada agradable para nadie.
Harper se rascó la cabeza. Mientras habían estado decodificando los files se mantuvo en todo momento al tanto del asunto. Sabía que MC había interceptado varias de las llamadas de Charlie Franco, pero fue una en especial la que les interesó especialmente: la de un científico desde no se acordaba dónde. En todo caso, no tenía duda alguna de que algo estaba pasando o iba a pasar. Quizás tuviese que ver con el nuevo capital que MC había captado: los nuevos inversionistas argentinos. Era un alivio saber que el capital era argentino y no mexicano.
Harper se paró e hizo señas a su gente. Había que preparar el informe. Ahora que la decodificación había terminado, definitivamente ya no quería saber nada más del asunto.

Hans Erick Rothgiesser Franco (Perú). rothgies@amauta.rcp.net.pe



CAPITULO 22

La reunión había sido un completo éxito. Podía decirse, si temor a equivocarse, que la unión de aves e insectos era un hecho irreversible. Al concluir la reunión todos los presentes se felicitaron por un acuerdo que coincidieron en calificar de histórico.
Un aguila real, dos avispados vencejos y una engreída paloma fueron los compañeros de delegación del gorrión durante las largas e intensas negociaciones. Gregorio se hizo acompañar de dos pulgas, un insistente moscardón y de su mano derecha, Fernando, el grillo que después de pasar varios cursos en los jardines de la Escuela Diplomática había adquirido unas excepcionales dotes para la diplomacia y la oratoria.
Tras desechar, por razones obvias, la formación de grupos de acción mixtos, los reunidos acordaron repartirse los objetivos. Las aves intentarían bloquear las investigaciones del hombre de bata blanca, al que ya seguían desde hacía meses. A Gregorio y sus congéneres les fue confiada la tarea de poner fuera de combate al tal Charlie Franco.
Y hacia el Amazonas y su cita con el matemático viajaba ahora Gregorio y un comando de aguerridos mosquitos, escondisos en la zona de carga del avión de Iberia que hacía la ruta entre Madrid y Mexico DF.
Charlie Franco, ajeno a su inevitable cita con Gregorio y sus huestes, sopesaba seriamente la posibilidad de cambiar su e-mail para impedir que los mensajes de aquel profesor universitario, cuyo nombre se había negado a retener, siguieran inundando su correo electrónico. La estrategia de conectar permanentemente el contestador automático de su teléfono no le sirvió de nada. Mensajes y más mensajes llenaban la cinta del aparato, incapaz ya de recoger más desesperadas llamadas de ayuda.
Ni siquiera en la Amazonia me dejarán tranquilo, reflexionó el matemático. Y sin pensarlo dos veces tomó una decisión de la que estaba seguro se arrepentiría muy pronto.
Charlie Franco tecleó el código personal de acceso a su e-mail. Allí estaba un nuevo mensaje. Sin ni siquiera leerlo copió la dirección del remitente y abrió su correo electrónico.

Subject: Petición de ayuda.
From: Charlie Franco.
To: Francisco Medero.

"Estoy dispuesto a considerar su oferta. Espero su llamada. Charlie Franco".


Luis Mejía (Sevilla - España)



CAPITULO 23

El hombre de la bata blanca no daba crédito a lo que veían sus ojos. En el alféizar exterior de la ventana del laboratorio se amontonaban aves y más aves. Algunas identificables, otras absolutamente desconocidas. Pensó, y desechó rápidamente la idea por absurda e inverosímil, que aquellas aves actuaban de acuerdo con algún tipo de orden o consigna. A pesar de ser multitud no había gorjeos ni peleas por ocupar el diminuto saliente de la fachada. Llegaban por oleadas y por oleadas se iban, siendo sustituidas por otras y así sucesivamente. Lo que más les sorprendió es que en ningún momento se mezclaban distintas especies. En cada invasión de su ventana, y ya llevaban varias horas con aquel juego, todos los participantes eran miembros de la misma especie: gorriones, palomas, estorninos, gaviotas y multitud de desconocidos pajarillos y, también, algunos pajarazos, como las que identificó como unas águilas que, en número de tres, le miraron durante algunos minutos desde el exterior del cristal.
Resultaba increible que tanta actividad no se tradujera en ningún ruido. En realidad no hubiera descubierto aquella extraña presencia de no haber tenido la sensanción de estar siendo observado desde la ventana. De espaldas a ésta, enbebido en su trabajo en el ordenador, aplicando las nuevas fórmulas matemáticas remitidas por su amigo Francisco Medero que le había prometido que en las próximas 24 horas tendría en su poder toda la documentación necesaria para salvar la fórmula, sólo al volverse hacia la ventana descubrió la invasión de las aves.
Una luz penetrante entraba por los amplios ventanales del despacho. Tras levantar todas las persianas comprobó que sólo en la ventana situada a su espalda se producía aquel inexplicable fenómeno. Su preocupación fue en aumento al comprobar que tanto en en el parterre como en los numerosos árboles que rodeaban el laboratorio, miles de aves esperaban pacientemente la ocasión para acercarse a su ventana. Aquello no podía ser normal, se dijo. Pero lo que definitivamente disparó sus tempores fue el contemplar como nuevas oleadas de aves se abatían sobre el edificio, obscureciendo el cielo a su paso.
El hombre de la bata blanca corrió hacia el teléfono y marcó el número de Seguridad.


Esperanza Molero (Castellón - España)



CAPITULO 24

La curiosidad de Charlie Franco, característica que según él lo hacía más científico, lo había obligado a hacerlo. Sabía que lo más probable era que el tipo en cuestión fuera un loco o uno de esos tantos petulantes que creían ser los destinados a la salvación de la humanidad.
En todo caso su empresa le debía un par de semanas de vacaciones y sería una buena distracción. Y, quién sabe, posiblemente podría contribuir a la cura para la plaga que azotaba a la humanidad. Por más improbable que pareciera, las posibilidades, aunque muy pequeñas, existían.
Pensaba en todo ello mientras viajaba en el helicóptero que lo alejaba de la selva. Lo llevaría a Iquitos, desde allí podría tomar un avión a Lima, en donde había acordado con el misterioso individuo encontrarse para discutir los detalles del trabajo que supuestamente le iba a encargar.
Aprovecharía para visitar a un par de amigos y luego se encontraría con aquel loco. Esperaba que no hubiesen problemas.


Hans Erick Rothgiesser Franco (Perú). rothgies@amauta.rcp.net.pe


 

CAPITULO 25

Charlie subió al avión con destino a Lima. Primera clase. El azar le había reservado un asiento junto a la ventanilla. O quizás no era el azar? Miró con los ojos entrecerrados a los pasajeros que ya estaban acomodados en sus asientos. Su paranoia se exacerbaba por instantes. A los pocos minutos se sentó junto a él un hombre de rostro frío, céreo, vestido con una chaqueta de buen corte, negra y brillante, y con una corbata, también negra, que destacaba sobre su camisa blanca de seda. Varias gotas de sudor perlaron la frente de Charlie. Con decisión, intentando alejar sus temores, fijó los ojos sobre su acompañante. Dos bolas de fuego negro se clavaron en su rostro. El párpado izquierdo de Charlie comenzó a temblar, traicionando su pretensión de aparentar tranquilidad. Tras unos segundos de efluvios oculares mútuos, la línea de la boca de aquel hombre desconocido se entreabrió y emitió, en un susurro, las siguientes palabras:
- Usted es Charlie Franco, verdad?
Charlie respingó y a punto estuvo de gritar. Al ver el gesto de alarma, su interlocutor se apresuró a tranquilizarle.
- No tema nada. Sólo quiero informarle de algo, -dijo el hombre, atusando sus cabellos a la altura de la nuca.
- Quién es usted ? De qué me conoce? -atinó a balbucear Charlie, con histeria poco disimulada.
- Tranquilo. Hable bajo. Hay alguien más en este avión que le conoce. Puede llamarme Gabriel, -anunció, removiendo su delgada figura en el asiento mientras miraba de reojo a Charlie.
- Alguien que me conoce? En este avión? Y qué?, -le interrogó Charlie con ansiedad, tieso como un pez congelado.
- Se lo explicaré todo durante el viaje. Procure no mirarme y hable bajo.
En aquellos momentos una azafata comenzó a explicar el uso correcto del chaleco salvavidas en caso de accidente. Charlie contempló el proceso con aprensión, tragando saliva en varias ocasiones para enjugar el paladar.
- Se trata de mi investigación, no?, -tanteó Charlie.
- Sí, pero eso es sólo la punta del iceberg, -dijo Gabriel.
El letrero de FASTOPEN BELTS se iluminó y ambos ajustaron sus cinturones antes de que la azafata mirara sus cinturas. Charlie tuvo una ligera erección cuando la azafata rubia paseó los ojos por una zona tan sensible. Su sistema nervioso estaba alterado y, a veces, notaba ese efecto colateral.
El Boeing rodaba ya por la pista, aceleraba poco a poco y hundía su curvada cabecera en el aire, recorriendo el carril, oscuro y ajado por el rozar de innumerables ruedas. La velocidad aumentó y, en una proeza repetida tantas veces, el avión se elevó, penetró el aire y, finalmente, se estabilizó. La naúsea invadió el estómago de Charlie y su virilidad volvió a bajar el morro, como el avión, terminada ya su fantasiosa perversión donde la azafata rubia era protagonista.
- Dígame lo que sepa. Qué es todo esto?, -encaró Charlie la situación.
- Recuerda cuándo le contrató la empresa Alpha Chiang?, -preguntó a su vez Gabriel.
- Sí, claro que lo recuerdo. Hace año y medio, en el 2003.
- Le propusieron participar en el proyecto Robin, un plan para acabar con las enfermedades de transmisión por insectos, -Gabriel cortó un amago de intervención de Charlie y continuó su exposición-. Usted aceptó, como buen profesional, y aportó sus conocimientos matemáticos para la simulación de las plagas. Hasta ahí todo perfecto.
El enigmático Gabriel bajó su voz hasta el límite de lo audible y miró fugazmente a Charlie, que aguardaba con ansiosa expectación. Luego continuó.
- Qué opina usted de las cucarachas?, -soltó Gabriel.
- De las cucarachas?, -se sorprendió el matemático-. Bueno, siempre las ha habido y siempre las habrá. Aunque haya una guerra nuclear ellas siempre estarán ahí, comiéndose los restos. Son repugnantes,-sonrió con nerviosismo.
- Señor Franco, el proyecto Robin es sólo una tapadera.
Charlie dejó de mirar al frente y giró su cabeza hacia el pétreo rostro de su compañero de viaje.
- Una tapadera?
- Sí, una tapadera. Antes de que se creara el proyecto Robin alguien ideó el Plan de Pureza Internacional (PPI). Ha oído hablar de él?, -sin dejarle responder, seguro de que Charlie nunca había oído ese nombre, continuó su exposición-. Pues bien, en el año 2002, un lobby con representantes de varios países se reunió en Bruselas para decidir la total exterminación de las cucarachas. Pero esas cucarachas eran...
La aparición de la azafata rubia interrumpió momentáneamente la conversación hasta que ambos tuvieron una taza de café en la mano.
- En esa reunión -prosiguió Gabriel, tras un sorbo de café caliente-, se escucharon muchas frases reveladoras. Sólo puedo decirle que, paralelamente a la eliminación de los mosquitos, las cucarachas y otros muchos insectos, esos hombres y mujeres pretenden matar a ciertas personas. Y le están utilizando a usted, -volvió a tragar el pésimo café de líneas aéreas, momento que aprovechó Charlie para intervenir.
- No puede ser más claro? Todo eso me parece tan descabellado...
- Bien, allá usted. La idea de utilizar el Proyecto Robin como tapadera surgió cuando uno de los miembros del lobby creador del PPI dijo: "La corrupción se ha extendido como una plaga de cucarachas. Si pisoteamos una que corretea despistada entonces podemos estar seguros de que hay otras mil más escondidas en su nido". Y luego otro miembro dijo: "Esos tipos son como los mosquitos: nos chupan la sangre con los impuestos". Lo entiende ahora? Usted, con sus simulaciones para exterminar, -y recalcó esta palabra-, la plaga de insectos que azota a la Humanidad, está proporcionando las bases estratégicas para la eliminación de miles, o quizás decenas de miles, de personas supuestamente corruptas o molestas. Por eso le robaron los archivos de su ordenador. La Macro-Computers es una multinacional que trabaja al servicio del PPI.
Charlie estaba lívido. Nunca habría imaginado que el fruto de su inteligencia fuera a ser utilizado para matar.
- Cómo sabe usted todo eso? Su nombre no es Gabriel, verdad ? Cree que no me he percatado de que utiliza el nombre de un arcángel mensajero? Pues le aseguro que yo no soy la Virgen María.
Gabriel sonrió e hizo un gesto de asentimiento.
- Mi nombre no importa, señor Franco. Ahora ya sabe lo que ocurre. Alguien va a reunirse con usted en Lima para convencerle de que colabore en el exterminio de los insectos. Si lo hace, no sólo estará atentando contra la biodiversidad sino también contra la diversidad intelectual. Los halcones del PPI pretenden uniformizar los partidos políticos, las empresas, los medios de comunicación, e incluso las razas. Créame, a esos tipos le gustan tan poco las cucarachas como los inmigrantes ilegales. Por eso le llaman a usted "La Amenaza Latina".
- La Amenaza Latina? -rió Charlie entre dientes-. Qué amenaza puedo suponer yo?
- Usted tiene los conocimientos necesarios para inclinar la balanza de un lado o de otro. La inteligencia siempre ha decidido el futuro, aunque los poderosos se nieguen a aceptarlo. Y la mente privilegiada nace de la mezcla de razas, de la unión de culturas y no de la homogeneidad, que sólo aporta taras genéticas. Sin embargo, hay otros como usted que ya han cedido. Sabe que han conseguido controlar el pensamiento de las aves? Sí, así es. Instalan microrreceptores en sus cabezas y luego emiten unas ondas para controlarlas. Con ese sistema pueden espiar a través de los ojos y los oídos de los pájaros sin que haya sospechas. Y también causar accidentes aéreos. Hay quien dice que las aves y los insectos han adquirido conciencia y se han unido en una guerra contra el PPI.
Charlie miró entonces por la ventanilla, asustado por la posibilidad de que los halcones del PPI fueran enviados contra la cabina del Boeing. Sería verdad lo que le contaba aquel hombre? Habría un complot contra los insectos y también contra ciertos seres humanos molestos? Intentó preguntarle a Gabriel todas sus dudas pero éste se negó a responder nada más. Sólo dijo que volverían a encontrarse. Mientras Charlie Franco cavilaba sobre la conjura insecto-masónica, el avión inició el descenso. Había llegado a Lima. Gabriel le advirtió de que alguien podía estar siguiéndoles. Por consejo suyo se despederían allí, como si sólo fueran dos compañeros de viaje sin relación alguna. Charlie miró por última vez a la azafata rubia, ya en la salida del avión, y ésta volvió a mirarle bajo la cintura.


Guillermo Perez (Jerez de la Frontera - España) gperez@teleline.es


 

CAPITULO 26

Charlie Franco había quedado en encontrarse con un viejo compañero de estudios en la cafetería del aeropuerto. No bien se había sentado en una de las mesas cuando escuchó un alboroto en el estacionamiento. Se asomó a uno de los grandes ventanales y reconoció a la persona que le había acompañado durante el viaje hablándole de ridiculeces acerca de complots cósmicos. El hombre corría por el aparcamiento perseguido por varias oficiales de policía.

Se desentendió del asunto y retornó a sus pensamientos. Era extraño que algo tan normal como volar en un avión le diese tanto miedo. Que recordara siempre había sido así; desde pequeño. Y aún se avergonzaba de ello. No era lógico que una persona tan racional como él tendiera a delirar cuando viajaba en avión. Las pocas veces que logró mantener una cierta calma había terminado comportándose como un niño. Eso podría explicar el hecho de que un científico de vanguardia como él hubiese llegado a considerar como cierta una historia tan estúpida como la narrada por aquel individuo. Nada menos que una cúpula política mundial dedicada a comparar humanos con insectos y dispuesta a terminar con ambas especies. Un día de estos tengo que hacerme psicoanalizar, pensó.

Su amigo apareció por la puerta de la cafetería. Un hombre modesto, y sin embargo bastante inteligente. No le resultó difícil localizarlo, pues la cafetería estaba prácticamente vacía. Se saludaron afectuosamente y comenzaron a caminar hacia el estacionamiento, donde el amigo de Charlie había estacionado su coche. A mitad de camino un agente de la policía les detuvo.

- Disculpe. Es usted quien ocupó el asiento H 4 en el vuelo de la Línea Aero MC Perú?

- Así es -respondió Charlie sin dudarlo.

- Hay varios testigos que afirman que usted estuvo conversando largo rato con su compañero de vuelo. Me temo que tendrá que responder a unas cuantas preguntas. No se preocupe, serán bastante superficiales.

- Me encanta lo superficial -respondió Charlie Franco, colocando sus maletas en el suelo.

- Quisiera saber de qué habló con él.

Charlie Franco relató fielmente la conversación mantenida durante el vuelo. El policía anotaba frenéticamente en su bloc. Cuando terminó, el policía guardó el lápiz y la libreta de notas.

- No se trata sino de un loco. Un demente. Quizás haya oído hablar de él. Wayne Kinley -explicó al agente.

- No será el fundador de la multinacional MC, -preguntó Charlie Franco.

- Así es. Según se fue el creador y principal accionista de MC. La condujo desde el comienzo hasta que se convirtió en una de las mas grandes multinacionales. Dicen que fue entonces cuando ciertas maniobras financieras hicieron que perdiera el control de la empresa, aunque, eso si, a cambio de convertirse en uno de los hombres más ricos del planeta. Aun así aquel suceso lo dejó completamente transtornado.

- Algo había leído -confesó el matemático.

- En fin. Parece ser que él atribuye la pérdida de su empresa a una especie de complot mundial o algo por el estilo. Hemos oído historias semejantes a la que le ha contado a usted, aunque siempre hay algo diferente. Con el tiempo las va perfeccionando.

- Hay algo que no entiendo. Viaja por el mundo contando su vida a quien se le cruza en el camino?

- Pues eso parece. Pero no tiene porque preocuparse. Teníamos una orden de la Interpol para detenerle y ya está hecho. Ha sido su familia que está seriamente. Ahora le espera uno de los mejores psiquiatras del mundo para tratarlo.

- Está claro que lo necesita con urgencia. Espero haberlo ayudado -dijo Charlie Franco, al despedirse del policía.

Charlie Franco y su amigo siguieron su camino. Mientras cruzaban el aparcamiento recordó que aun tenía un día y medio antes de su encuentro con el misterioso hombre que había pedido su ayuda con tanta insistencia.

 

Hans Erick Rothgiesser Franco (Perú). rothgies@amauta.rcp.net.pe

 


 

CAPITULO 27

La llamada del científico alteró la rutina diaria de la oficina de seguridad y dio a su jefe, el capitán Jaime Adaros, la posibilidad de mostrar en la práctica como resolver una verdadera emergencia.
Con expresión decidida dispuso:
- Pérez y Cortés vayan inmediatamente al laboratorio de ultrasonidos y Durán y Vázquez hagan un reconocimiento exterior del edificio, la misión es detectar cualquier presencia extraña al personal autorizado.
Pérez, el más viejo de los dos ex agentes estaba excitado. No podía negarlo, después de meses de simulacros les vendría bien algo de ejercicio. Junto a su asistente entró al laboratorio. A simple vista nada anormal ocurría allí.
El hombre de la bata blanca se había recluido en un rincón, sudando copiosamente.
- Hay una invasión de pájaros en la ventana que no me deja trabajar, -dijo como si a él mismo la pareciera increible aceptar una situación así.
Los vigilantes se dirigieron a la ventana. Una solitaria pareja de gorriones emprendió el vuelo al ver acercarse al cristal a los fisgones; estos abrieron la ventana y escrutaron los frondosos árboles. Allí había pájaros, pero nada en ellos parecía sospechoso.
- Bueno, bueno, -dijo Pérez, con tono comprensivo, pero desilusionado-, por aquí todo parece estar en calma. No se preocupe profesor puede seguir trabajando que nosotros nos mantendremos atentos.
El científico quedó solo. No podía entenderlo. Hacía sólo unos minutos había cientos de pájaros y ahora todos parecían haber desaparecido como por arte de magia.
De pronto un ruido ensordecedor, desconocido, sobrenatural, le heló la sangre. Dos siluetas negras, gigantescas, algo así como aguilas siderales se posaron en una gruesa rama, frente a la ventana del laboratorio, que se inclinó ante su peso.
Aunque le resultara increíble aquellas grandes aves parecían cóndores. Rechazó de plano esa posibilidad. Era imposible que un cóndor, rey indiscutible de los picos andinos americanos, hubiera llegado hasta aquel lugar.
Las negras figuras permanecieron inmóviles, sin despegar su vista de la ventana.
El hombre de la bata blanca se volvió lentamente y caminó hacia el teléfono. Al intentar tomar el auricular se dio cuenta de que estaba temblando. En ese momento el incono de su correo electrónico comenzó a parpadear. Se acercó al ordenador y marcó la clave de acceso. Era un mensaje de Francisco Medero:
"El profesor Charlie Franco no podrá entregarme hoy el resto de las fórmulas, algo sorprendente le ocurrió. Según su versión, al salir de su laboratorio en la selva fue atacado por un gigantesco cóndor. Los médicos dudan de ello ya que nunca nadie ha visto cóndores en el Amazonas. Le tendré al tanto de la evolución de los acontecimientos. Lamento este pequeño retraso.
Atte. Francisco".

María Eugenia Vargas (Antofagasta-Chile). ujso@reuna.cl

 


 

CAPITULO 28

Chalie Franco miró de nuevo su reloj. Pasaba más de media hora de la fijada para la cita. Intercambió una mirada de inquietud con su amigo que se encogío de hombros.
- Estás seguro de qué habíamos quedado aquí, Francisco? -preguntó.
- Totalmente seguro. Después de recibir tu mensaje aceptando la entrevista yo mismo, personalmente, le mande un e-mail fijando la cita. Y la hora y el lugar estaba bien claros.
- Pero, te confirmó él que vendría?
- Pues ahora que lo dices.., la verdad es que no. Aunque, después de tanta insistencia por verte no pensé que fuera necesario...
- Cinco minutos más y nos vamos -dijo Charlie Franco, a quien comenzaba a pesarle haber hecho tan largo viaje para un encuentro que ahora ya no le parecía tan buena idea.

Estrujó el mensaje y lo arrojó con violencia a la papelera. Más de cien veces lo había leído en las últimas horas. Su esperado encuentro con el profesor Franco abortado por el ataque de unos cóndores gigantes! Si no hubiera sido él mismo víctima del acoso de miles de aves, allí en su propio despacho, habría pensando que se trataba de una broma de mal gusto. Pero, aún seguía necesitando urgentemente hablar con aquel profesor.
El hombre de la bata blanca recuperó de la papelera la arrugado copia del mensaje que dos días antes recibiera en su correo eletrónico. Encendió el ordenador y abrió su programa de e-mail. Sólo al teclear la dirección de su comunicante se percató de que ésta no coincidií con la de los anteriores mensajes enviados por Francisco Medero. No obstante continuó la operación: que alguien utilizará varios buzones no dejaba der ser algo habitual. Escribió el suscinto mensaje: "Confirme ataque cóndores a profesor Franco". Encendió un cigarrillo y se dispuso a esperar contestación.
Media hora después le llegó la respuesta, pero no precisamente la que esperaba.
"Perdone la pequeña mentira. El profesor Franco está bien, pero usted no debía verle. La salvación de la humanidad está en su manos y en las mías. Tengo que verle urgentemente. Firmado Wayne Kinley".

Vicente Iglesias Fernández (León - España).

 


 

CAPITULO 29

El hombre se sacó la bata blanca, con desgano la colgó en el perchero y se quedó allí sin tener muy claro que hacer. Fijó sus ojos en la pequeña plaquita pegada al bolsillo: Dr. Bernard Gascón. La leyó como si se tratara de otra persona, no de él, luego caminó hacia la puerta; al coger el pomo pensó en Wayne Kinley y su extraño mensaje: "La salvacion de la humanidad esta en sus manos".
Sintió nuevamente que su trabajo de años, su dedicación a la ciencia pendía de un hilo. Al igual que la mayor parte de los investigadores, sentía pánico a que sus colegas pudieran descubrir alguna flaqueza en su trabajo. De pronto una imagen mas dramática le cruzó por la mente: que ocurriría si la prensa se enteraba de los acontecimientos que se habían producido en los últimos días. "No sé, se dijo a si mismo, como podrían enterarse" y sintió que empezaba a recobrar la confianza.
Pero el Dr. Gascón no hubiera tenido esa sensación si hubiera podido ver lo que hacía, a miles de kilómetros de allí, un niño de tan solo 13 años. Nicolás Bustos estaba comenzando la secundaria y desde que tenía 8 años "trabajaba" colaborando con diversas organizaciones encargadas de la protección del medio ambiente. A veces sentía que era explotado, pero no se quejaba, tenía tiempo y si podía ayudar a otras personas que carecían de el no parecía haber nada malo en ello.
La noche anterior, al abrir su correo: nbustos@gualle.reuna.cl, encontró un mail de un tal Wayne Kinley, quien le solicitaba por recomendación de un astrónomo con el que acostumbraba a "chatear", que elaborara un listado de unos 200 diarios electrónicos de todo el mundo y les remitiera el siguiente comunicado.
"Comunicado de Prensa. Número1:
Las organizaciones medioambientalistas que forman parte de la iniciativa "Plataforma al 3000" denuncian ante la opinión pública que en estos momentos se lleva a cabo en distintos laboratorios de Bruselas, Madrid, California e Iquitos un proyecto denominado ROBIN y que es la tapadera del PROYECTO DE PUREZA INTERNACIONAL, PPI, destinado a erradicar del planeta a todas aquellas especies, animales y humanas, que no cumplan con los exigentes parámetros de pureza étnica propuestos por las grandes transnacionales que controlan a los llamados GRP, Grupos de Paises Ricos.
Los experimentos se iniciaron tras los avances logrados en la clonación de ovejas y monos, realizados antes de concluir el siglo y de acuerdo a los antecedentes que obran en poder de nuestra organización, trabajan en este proyecto destacados científicos de distintas especialidades que ignoran los verdaderos objetivos del proyecto.
Frente a ello, "Plataforma al 3000" una organización que no tiene otro fin que luchar para que la humanidad alcance un nuevo milenio, ha iniciado un vasto operativo de difusión en el cual se empleará desde la moderna tecnología, hasta los viejos sistemas de denuncia como pancartas y volantes distribuídos casa a casa. Contamos con niños-voluntarios, en todo el mundo.
Llamamos a las universidades, a los medios de comunicación en general y a la comunidad científica internacional a investigar estas denuncias y a establecer grupos de discusión y de revisión de las dramáticas consecuencias que han tenido para la humanidad anteriores iniciativas que buscaban un hombre genéticamente puro.
Agradecemos su difusión y rogamos estar atentos a un nuevo comunicado".
Nicolás se sentía satisfecho. Había enviado el comunicado a más de 40 diarios electrónicos y pedido la colaboración, bajo juramento de silencio, a cinco de sus mejores amigos que en estos momentos cumplían similar tarea.

María Eugenia Vargas (Antofagasta-Chile). ujso@reuna.cl



CAPITULO 30

Wayne Kinley se había escabullido de la pegajosa policía peruana gracias a su pasaporte diplomático. El sicario del PPI, que se había hecho pasar por policía, se quedó boquiabierto cuando comprobó que no podía hacer nada para retenerle si no quería levantar sospechas. Le había salido mal su intento de quitarse de encima a un rival molesto. Kinley, desde su coche aparcado frente a la cafetería del aeropuerto, vio cómo aquel tipo desmañado y con gabardina terminaba su conversación con Charlie Franco. Sin duda le había mentido, intentando acercarle de nuevo al hombre de la bata blanca. Pero él no lo permitiría. Sólo cuado el lo considerada oportuno. El mensaje que hacía unos momentos había mandando desde el ordenar portátil que reposba en sus rodillas formaba parte de esa estrategia.
El matemático estaba saliendo ya de la cafetería y se dirigía hacia el aparcamiento. Kinley puso su coche en marcha y situó el vehículo a la altura de Charlie Franco. Éste, al ver la cara de su compañero de viaje, se quedó petrificado.
- Suba! -llamó con urgencia el hombre que Charlie conocía como Gabriel a partir de su conversación en el avión.
Charlie dudó, aun confundido por las insinuaciones del "policía" del aeropuerto. Finalmente accedió a subir al vehículo y se sentó junto al conductor. Se despidió de su compañero de estudios, algo extrañado por la situación. Kinley apretó el acelerador tan pronto como Charlie subió al coche.
- Qué le ha dicho ese embustero? Que estoy loco? -murmuró Kinley, con su mirada fija en la carretera-. Es lo que va diciendo por ahí a todos los que se cruzan en su camino.
Charlie miró las piernas de su acompañante y vio el portátil que yacía sobre ellas. Se preguntó si había hecho bien en subir con aquel hombre cuya identidad desconocía.
- Es policía. Por qué habría de mentir? -preguntó Charlie.
- Policía? Es extraño que un hombre inteligente como usted se deje engañar así. Ha visto su placa acaso? Mire, conozco a ese tipo y le aseguro que es uno de los adláteres del PPI.
- Pero usted es Wayne Kinley, no? El fundador de la MC.
El rostro de aquel hombre impecablemente vestido se ensombreció.
- Sí, soy yo. Que más le ha contado ese lacayo?
- Dice que usted se ha vuelto loco después de arruinarse y que iban a recluírle en un manicomio. Pero ya veo que no es así.
- Loco? Arruinado? Ojalá lo estuviera -afirmó con pesar Wayne Kinley-. Mire, señor Franco, le contaré la verdad. Es cierto, fui el fundador de la MC. Pero yo no tuve la culpa de los problemas financieros de la empresa. Cuando me enteré de los planes secretos de algunos altos cargos de la MC y su intención de iniciar el Plan de Pureza, intenté frenar esa locura. Y entonces ellos se pusieron en contra mía. Arremetieron contra mí con todas sus armas, porque veían peligrar sus ansias de poder ilimitado. Cuando vieron que alguien les hacía frente y que era más poderoso que ellos, elaboraron esa estrategia para desprestigiarme.
Charlie pensó en aquella versión de la historia. Ciertamente, no había confiado mucho en el supuesto policía del aeropuerto. Por qué dudaba de que algo así pudiera suceder? Quizás estaba demasiado anquilosado en los viejos tiempos. Los matemáticos modernos conocen bien la teoría del caos y, según ésta, cualquier acontecimiento es posible. Era lógico acaso que una enorme bandada de pájaros siguiera al vehículo a escasa altura en aquellos instantes?
- Qué quiere que haga? Adónde vamos? -inquirió Charlie.
- Vamos a reunirnos con los jefes de la Resistencia. Así comprenderá que hablo en serio. Hay dos facciones: los Insectos y los Pájaros. Ambas se han unido para luchar contra el PPI. El jefe científico de ese maquiavélico plan, para el que trabaja, desconozco si a sabiendas o no, el "hombre de la bata blanca", responde al nombre de Adolfo Groteboer. Ese tipo nació en Sudáfrica y es hijo de unos colonialistas alemanes. El nombre que le pusieron deja bien claro sus preferencias filonazis. A él le encargaron el proyecto de exterminar a los insectos. Pero, piénselo, usted que es científico. Si los insectos mueren, qué comerán los pájaros? Habrá un exterminio en cadena. Y además, el PPI adaptará la fórmula para acabar con algunas personas que para ellos no son más importantes que las cucarachas o los mosquitos. Entonces comenzarán a hacer seres humanos clónicos: resistentes a las enfermedades, sumisos, fuertes para trabajar, sin opiniones propias... Es de una lógica aplastante, señor Franco. Su mente matemática no debería tener problemas para entenderlo.
- Quiere decir que usted prefiere el caos? Como los pájaros y los insectos que luchan por sobrevivir? -interrogó incrédulo Charlie.
- Algo así. Vamos a reunirnos con los líderes locales de la Resistencia al PPI: unos hombres y mujeres que se han unido bajo el nombre en clave de "Insectos" y "Pájaros". La sede central está en París. Ellos luchan por acabar con los planes del PPI para exterminar a los insectos y, con ellos, a todas aquellas personas a las que consideran simples "mosquitos" o "cucarachas". El PPI desea la pureza, señor Franco. Nosotros deseamos la mezcla y la libertad. Encontraremos otros medios para combatir las enfermedades de transmisión por insectos, pero la solución no es exterminarlos por sistema. Debo decirle algo más. Yo también soy de la Resistencia, y espero que usted también lo sea después de la reunión. Si se une al PPI me tendrá enfrente -dijo Kinley, mirando con dureza al científico-. Ya estamos llegando.
El coche había abandonado la Avenida de Alberto Fuckimori hacía tiempo y enfiló por una carretera que les conducía al encuentro con la Resistencia.
Qué se encontraría allí Charlie Franco? Decidiría apoyar a la caótica Resistencia o se uniría a la pureza infantil del PPI?


Guillermo Pérez (Jerez de la Frontera - España) gperez@teleline.es


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